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Chica Pardo habla sobre las estancias formativas y el ABP para el desarrollo de competencias clave.


Chica Pardo es un emocionado docente que apuesta  lidera la innovación. Un gran amigo de LABinE.

Es un incansable innovador educativo que demuestra cada día -y en cada tuit- que la innovación es posible y necesaria. Es un gran placer para nosotros tenerte como amigo en este Laboratorio de Innovación y como referente y amigo en el cambio que necesitamos. 


La planificación de los objetivos de aprendizaje por parte de los docentes es un momento en el que debemos tener en cuenta otros factores con los que dar consistencia y coherencia tanto pedagógica como curricular a nuestra propuesta didáctica. Al ser los criterios de evaluación (concretados tanto en estándares de aprendizaje como indicadores) los referentes desde los cuales debemos construir nuestra secuencia de aula, inmediatamente nos damos cuenta de que no son los contenidos nuestro objetivo o finalidad, sino más bien cómo nuestro alumnado va a demostrar de diferentes formas cómo lo ha aprendido o aplicado y, así, ser capaz de transferir su aprendizaje de un contexto a otro antes inexistente.


Nuestra normativa vigente nos remite a evaluar los contenidos requeridos dentro de unos niveles cognitivos que se encuentran referenciados en el mismo enunciado del criterio. Si nos fijamos más detenidamente, observaremos que dichas habilidades están enunciadas al principio del criterio mediante un verbo específico que así aclara qué debe hacer nuestro alumnado con lo que sabe; no únicamente lo que sabe. Veámoslo con un ejemplo:


PLEX CE2.5 “Mostrar control sobre un repertorio limitado de estructuras sintácticas de uso habitual y emplear para comunicarse con mecanismos sencillos lo bastante ajustados al contexto y a la intención comunicativa. (repetición léxica, elipsis, deixis personal, espacial y temporal, yuxtaposición y conectores y marcadores conversacionales frecuentes)”.


En este caso, observamos que el criterio de evaluación (1ESO, Primera Lengua Extranjera) contiene tanto la acción (“Mostrar control” y “comunicarse”), el contenido (“mecanismos sencillos”, “repetición léxica”, “elipsis”, deixis personal, espacial y temporal…”) y el contexto “lo bastante ajustados al contexto”). Por lo tanto, deberemos tener en cuenta no solo el tipo de evaluación que llevaremos a cabo al respecto, sino además qué metodología es la más adecuada para poder conseguir los objetivos de aprendizaje que nos hayamos propuesto. Es más, nos puede servir como “inspiración” para envolver a dicho criterio dentro de un entorno significativo para nuestro alumnado y pensar cómo podríamos trabajarlo en el aula.


Esto es solo un ejemplo que nos puede hacer reflexionar acerca de nuestra metodología. Es lo realmente importante y lo que sustenta todo lo demás: evaluación, integración tecnológica, dinámicas de aula, rol tanto docente como del estudiante...etc. En mi caso y tras numerosas lecturas y reflexiones al respecto, llegué a la conclusión que las metodologías activas o inductivas, es decir, aquellas que están centradas en el alumnado, son las más idóneas para trabajar por competencias. Concretamente, el aprendizaje basado en proyectos o ABP.


El ABP forma parte de mi propuesta metodológica con mis estudiantes, junto con el enfoque flipped learning y el aprendizaje cooperativo. Hace posible que los estudiantes trabajen y encuentren diferentes formas de lograr sus objetivos, permite tanto el trabajo colaborativo como cooperativo ofreciendo oportunidades para trabajar tanto individual como grupalmente. Si a esto añadimos el hecho de que puede combinarse con otras metodologías o enfoques como el aprendizaje inverso, dejaremos de preguntarnos “¿Cuál es el mejor modelo instruccional para mi alumnado?” por “¿de qué forma puedo aprovechar mejor el tiempo de clase con mis estudiantes?” (Jones y Bergmann, 2018).


Y es ese tiempo de aula, el espacio grupal, en donde realmente sucede todo. Como docente, les pregunté a mis estudiantes cuáles eran sus temas favoritos y de qué les gustaría hablar o en qué podían profundizar con el objetivo de trabajar dicho criterio de evaluación que supuso el producto final en forma de podcast en inglés. El ABP (además de ser una recomendación metodológica presente en la normativa vigente) se integra adecuadamente en mis clases con el objetivo de diseñar actividades que pertenezcan a los niveles superiores de la taxonomía de Bloom, acompañando a mi alumnado hasta el producto final. El diseño de las actividades ha de estar relacionado con el criterio de evaluación y contenido léxico-discursivo de mi materia a la vez que los estudiantes desarrollan unas competencias clave desde el recordar hasta el crear.


Apostar por el Aprendizaje Basado en Proyectos es apostar para que los estudiantes aprendan a pensar críticamente, adquieran destrezas de resolución de problemas, desarrollen la curiosidad por aprender más allá del aula física, fomentar la autodisciplina o disfrutar de experiencias de aprendizaje que les sean personalmente significativas (Informe Gallup, “Creativity in Learning). Es nuestra oportunidad para ofrecer a todo nuestro alumnado situaciones o contextos de aprendizaje que les permitan demostrar qué saben hacer con lo que saben, es decir, ser competentes.

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